miércoles, 6 de noviembre de 2019

Una de las tareas del escritor es convertir los sentimientos en pensamientos y luego en palabras.

Lo quiero intentar

Ejercicio 1—Sin pensar, escribo lo primero que me llegue a la mente al leer lo siguiente:
1. Balón
2. Y fue cuando la tristeza se apoderó de mi
3. Café
A partir de la idea original, desarrollo un cuento, o por lo menos establezco el inicio.

*****

Cuentan quienes lo han intentado

[Alejandra S., 23 años]
Aguja: Una anciana trata de enhebrar una aguja, sus ojos cansados no le ayudan mucho, afuera hay niños jugando, así que se asoma a la ventana a pedirles ayuda. Los niños salen corriendo pues la anciana tiene fama de bruja ….

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[Sebastián, S., 25 años]
Espejo: El reflejo del Conde Lucanor no es el que corresponde a una persona de su alcurnia. Joven, elegante y recién afeitado, en el espejo lo que aparece es un mendigo, ojeroso y vestido con arapos.

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[Rafael L., 27 años]
Conejo: A las nueve en punto de cada mañana, aparecía en el jardín un conejo de manchas negras y blancas. Salía de detrás de un arbusto, se detenía, miraba a quienes estuvieran presentes, y luego continuaba su marcha hasta perderse de vista detrás del cuarto de las herramientas.
 Los gemelos, hijos de los propietarios del lugar, convencen al hijo del jardinero para que les ayude a atraparlo. Pero este les cuenta las historias que le escuchó a su abuelo acerca de los fantasmas guardianes de los tesoros escondidos que adaptan formas de animales. Con esto sólo despierta más la curiosidad de los gemelos, y éstos deciden tenderle una trampa. Cavan un gran hoyo en el lugar preciso en que suele detenerse, y en efecto, el conejo cae en ella. Cuando los gemelos, con ayuda del hijo del jardinero se acercan para sacarlo, encuentran que ya no está. Por el hueco se dejan ver unas escaleras que descienden a la profundidad de la tierra. Los gemelos tienen miedo, pero a la vez curiosidad, así que le ofrecen dinero al hijo del jardinero para que baje y les cuente lo que hay allí. Pedro, se llamaba el pequeño, y ni corto ni perezoso toma el dinero, y emprende el descenso. El pasadizo está iluminado por antorchas. Al final de las escaleras encuentra una puerta entre abierta, y tras ella un gran salón con paredes de mármol. Sentada en un trono está la Reina del Interior, quien le concede poderes especiales.
Arriba, los gemelos que esperaban viendo el interior del agujero, son sorprendidos por una voz a sus espaldas, se trata del Pedro, que llevando una carretilla les pregunta casualmente qué es lo que hacen allí.
Atropelladamente los gemelos le hablan de un agujero y de conejos misteriosos, de antorchas y escaleras, pero Pedro no entiende nada. En ese momento llega el padre, un respetable doctor y dictamina que los chicos estuvieron mucho tiempo expuestos al sol y esa es la causa de su delirio.
Los obliga a irse a su cuarto a descansar y ordena a una de las empleadas que les lleve una limonada.
Cuando todos se han ido, Pedro tapa el agujero, toma de nuevo su carretilla y sonríe satisfecho, pues sus nuevos poderes funcionaron a la perfección.

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